Precio bajo; costo caro

El regateo es algo que se siente casi intrínseco del ser mexicana. Buscar el mejor precio y concretar una compra, son acciones que desde la infancia vemos reflejados en las actitudes de adultas que nos rodean y sin darnos cuenta, nosotras al crecer seguimos con esta campaña de abaratamiento del trabajo. Las frases como “Y si me llevo dos, ¿a cuánto me lo deja?” provocan una incertidumbre laboral de muchas pequeñas productoras, quienes para poder concretar una venta se ven obligados a perder hasta el 30% de su ganancia.  

En un experimento realizado por el colectivo Mensajeros Urbanos en el Centro Histórico de la CDMX, se instaló a un artesano con sus productos frente a la Alameda Central. Allí realizó su venta de forma distinta: cada vez que alguien se acercaba a preguntar por el precio de un producto el chavo les contestaba las horas que tomó realizar el producto y, ante la sorpresa y confusión de lxs clientes, les explicaba que si entendían cuánto tiempo le tomó hacer la pieza, tal vez no cuestionarían el precio de ellas.  En contraste, cuando hacía la venta de forma común: preguntaban el precio, les contestaba, le regateaban. Se estimó que con la primera forma de venta le regatearon el 10% de las clientas; con la segunda, casi el 70%. 

Actualmente estamos acostumbradas a dos conceptos preocupantes: comida rápida y moda rápida. Dos actividades, una vital y la otra inevitable, se han tildado de banales y baratas, donde no cuestionas el por qué del precio que tienen. ¿De dónde viene la lechuga de la hamburguesa? ¿De dónde vienen mis esquites y su queso fresco? ¿”Pollo hecho a mano”? 

Estamos condicionados a no reparar en el tiempo que toma la elaboración de un producto. Esperamos la calidad más alta al precio más bajo, con toda la comodidad que queramos y sin reparar en las productoras detrás. Si no se acata un producto a este esquema, recurrimos a la versión “rápida” de ella. Este esquema está asfixiando a la población rural de la CDMX, de quienes dependemos para más del 20% de nuestro consumo alimenticio.   

El 59% del territorio de la CDMX es considerado zona rural, donde se producen una gran variedad de hortalizas, plantas ornamentales, nopal, maguey, avena, maíz, vacas, puercos y aves de corral. Las productoras no laboran con métodos de siembra y cosecha industrializados, ya que las parcelas de cosecha están rodeadas de la mancha urbana y no pueden funcionar como zonas agrícolas más grandes. Esto conlleva a que la actividad agrícola en la ciudad sea más tradicional, implicando un esfuerzo mayor para las productoras para poder cumplir con las demandas del mercado. Lupita, productora de Tiendita del Campo con Abejera, cuenta cómo su jornada laboral es de casi 10 hrs., sin tener mucho espacio de recreación y descanso. 

Cuando demandamos una producción industrial de productoras pequeñas, les privamos de tener tiempo para sí mismas. Su venta depende de plataformas que van y vienen, y precios que fluctúan día por día; están sujetas a una clientela que está esperando rapidez sin prestar atención a la manufactura tradicional y sustentable de los productos. Si buscamos el precio más bajo sin reparar en el proceso que permite que tengamos frente a nosotras una mermelada, una hortaliza o un paquete de carne de conejo, perpetuamos que todas las productoras agrícolas de la zona metropolitana no perciban la remuneración adecuada para compensar su jornada laboral, ni un descanso de ella.

Tiendita del Campo es un espacio para unir a consumidoras y pequeñas productoras del campo citadino, rompiendo el anonimato de la CDMX agrícola. Funge como un espacio de venta donde el precio de los productos es justo y tratado directamente con quien lo produce, permitiéndoles tener un mayor alcance y certidumbre con su producción. Todo esto asegurando un precio más bajo que la competencia, haciendo asequible su compra a los consumidores.

Es hora de replantear nuestros hábitos de consumo, de cuestionar y entender el origen de los productos que tenemos en la mesa día con día y valorar el mismo hecho de que se encuentren ahí.




Referencias:

  1. Sin autor. (7 marzo 2018). La zona rural de CDMX contribuye al bienestar social, ambiental y económico de las y los capitalinos. Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios Y Comunidades Indígenas Residentes. https://www.sepi.cdmx.gob.mx/comunicacion/nota/cdmx-rural-campo 
  2. Rodríguez, Darinka. (17 julio 2018).  Una pieza que vale doce horas: la campaña para evitar el regateo al trabajo de los artesanos mexicanos. El País, Verne. https://verne.elpais.com/verne/2018/07/17/mexico/1531859018_318594.html   
  3. Sin autor (16 marzo 2018) El campo en la ciudad. Hablemos del Campo. https://www.hablemosdelcampo.com/el-campo-en-la-ciudad/

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